GINÉS MARÍN A HOMBROS EN SANTANDER

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Santander, España / Sixto Naranjo

Con más de cinco minutos de retraso comenzó el último festejo de la Feria de  Santiago. La absurda moda actual de los de luces se apurar hasta el último momento su llegada a la plaza. A mí que me lo expliquen.

Enrique Ponce tuvo como primer oponente a un toro de Algarra que acudió dando brincos al caballo. Manso el animal. Después, esa falta de casta hizo que nunca rompiese a embestir por derecho en el último tercio. Rebrincado y medias arrancadas como norma. Paciente el valenciano, sobando mucho al toro para arrancarle una última serie más ligada y conjuntada a derechas. A favor de querencia  el toro. Tras la estocada trasera y tendida, no terminó de prender la petición de oreja en los tendidos.

El cuarto fue un animal cuajadito de carnes, sin celo en las telas al que fue haciendo poco a poco Ponce. Fueron esenciales los doblones iniciales para fijar y sujetar la embestida del toro de Algarra. Sin embargo, a éste le faltó ritmo y humillación en sus embestidas. Muy paciente el valenciano, la faena rompió cuando el toro supo quién mandaba allí. El final, pleno de gusto con las ya clásicas poncinas terminaron de caldear un ambiente que se enfrió en parte por el pinchazo previo a una estocada trasera y desprendida y la posterior tardanza en caer del toro. La oreja premio al conjunto.

El segundo del festejo fue un animal de mucha caja. Tanta carne como falta de raza. Siempre a su altura, el toro no descolgó ni se entregó a la muleta de un periférico Cayetano. No hubo comunión entre ambas partes. Lo cazó de media estocada y un golpe de verduguillo.

El quinto, y para no romper la media del encierro de Algarra, fue otro ejemplar muy bajo de raza. Cayetano inició su faena de rodillas cerca de los tendidos de sol. La búsqueda del cobijo de la algarabía de las peñas pero sin oponente enfrente para poder sacar algo lucido de ahí. Nunca terminó de rematar en sus embestidas el toro. La disposición del torero quedó solo en eso. Un pinchazo precedió a la estocada hábil y efectiva.

Ginés Marín se aseguró el triunfo ya en su primer toro. El de Agarra fue un astado violento, siempre soltando la cara a la hora de llegar al embroque. El joven diestro demostró que está atravesando un gran momento de forma. Eso y la actitud que mostró. Se llevó al público santanderino de calle. El temple como base a derechas, sin dejar nunca que el toro alcanzase el engaño, llevándolo hasta el final. Al natural le tropezó algo la muleta, pero la clarividencia de Ginés le llevó a terminar el trasteo con variedad. El estoconazo, ya solo valía una de las dos orejas que finalmente paseó.

Hasta tres toros vio salir Ginés en sexto lugar. El titular y el primer sobrero se partieron un pitón de salida tras derrotar contra un burladero. El segundo reserva, también de Algarra, pudo finalmente lidiarse. Muy agarrado al piso, el animal no dio muchas opciones al torero, que tiró de amor propio y ganas para amarrar de otro gran volapié una nueva oreja.