PAULITA ÚNICA OREJA A LOS CUADRI EN AZPEITA

PAULITA_OREJA_AZPEITIA_thumb_330

Azpeita, España / Iñigo Crespo

La corrida de Cuadri que abrochó la Feria de San Ignacio respondió a lo que se esperaba y sacó además de raza altas dosis de nobleza y fijeza. La cara más bondadosa de la brava ganadería onubense.

La corrida por sistema desarrolló movilidad y codicia, una conducta progresiva de querer emplearse y repetir las embestidas. No fue corrida dura, ni con disparo. Al contrario. En Azpeitia se lidió una corrida que dejó mucho estar y que exigió técnica y corazón pero dejando pensar, sin que apareciese la trama fiera del encaste. Alta nota, por tanto, para ese ganadero ejemplar que es Fernando Cuadri.

La terna tuvo el acierto de poder imprimir y expresar su personalidad frente a una corrida que a priori representa toda una incógnita.

Paulita con el lote más noble y claro sacó a relucir su clasicismo. Alberto Lamelas con un lote con muchos códigos tiró la moneda al.aire y se le fue el triunfo por la espada. Y el colombiano Sebastián Ritter sorprendió por su valor y su volcánico carácter.

Paulita se entendió bien con el primero que fue un ejemplar de buena condición y fijeza. Por la mano derecha el toro se desplazó con ritmo y temple, el mismo que le aplicó un inspirado y elegante Paulita que compuso una faena de buena composición y gusto. Buen toro, buen torero. Y buena estocada. Oreja bien ganada. El aragonés volvió a imprimir sabor al cuarto que fue un toro noble que quiso empujar hacia adelante y lo hizo bajo el suave mando de un Paulita enfibrado. Respiró y pensó el maño, que cuajó buenos muletazos y acarició una nueva oreja que perdió por no andar fino con la espada primero y el descabello después.

 

Alberto Lamelas apretó, y calaron su esfuerzo y su capacidad en el público tras su primera salida a escena. Buen toro, de codiciosa y exigente embestida, al que Lamelas ligó una faena de una sobresaliente entrega y ligazón. Pura intensidad fue esa lidia que tuvo momentos emocionantes. Perdió el triunfo por los aceros de muerte.

El segundo de Alberto Lamelas fue un sobrero que tuvo lo que no tuvo ningun otro animal de la corrida que fue aspereza. El toro esperó en banderillas y planteó en.la muleta todo un jeroglífico de intereses y emociones contrapuestas. La puesta a punto de Alberto Lamelas resultó determinante para que el diestro aguantase las complicaciones del toro y lograse pasajes de mérito. Faena cuajada enteramente en los medios. Un ten con ten. La colocación de Lamelas y su ambición como secreto mayor de una faena en la que el jiennense pisó el terreno minado con gran seguridad. Faena vibrante, de una cautivadora sinceridad. No faltó, una voltereta cuando toreaba en redondo. Manoletinas finales para redondear una de esas faenas que se viven con el corazón en un puño. Estocada atracándose de toro que cayó contraria, cuestión por la que no dobló el toro y precisó utilizar el descabello en dos ocasiones. Todo quedó en una ovación, poco reconocimiento para un esfuerzo notable. Torero a tener en cuenta.
Junto al colombiano Sebastián Ritter que se presentaba en Azpeitia reapareció Julián Guerra, tras la ruptura del apoderamiento de López Simón. Su primer toro tuvo seco peligro, ese que mide en cada embroque y llega dormido a la muleta. Ritter cuajó una labor de una firmeza insaciable. Asentado y hundido en la arena. Con gran serenidad, se metió en sus terrenos y logró meter en cintura al animal. Fondo y valor de Ritter. Una espadazo bajo hizo que se esfumarse la oreja. Con el sexto, Ritter dejó claro que el valor sincero es su punto fuerte. Atacó con precisión en toques y quietud en su planta.Patente actitud de Ritter, ejemplo de gallardía.