LA MANSADA DE LA FERIA

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Madrid, España / Sixto Naranjo

Superó los seiscientos kilos el primer toro de Dolores Aguirre que asomó al ruedo de Las Ventas este domingo. Dormido y sin fijeza en el saludo capotero, el animal rompió en dos notables varas que tomó con riñones después de arrancarse con alegría al cite de Daniel López. Después, y tras un inicio titubeante de Rubén Pinar, el diestro albaceteño le cogió el aire en varias tandas en redondo en los que predominó el mando y la firmeza de plantas. Al natural era más reponedor el de Dolores. Faena de torero maduro que nunca volvió la cara ante la exigencia del astado. Enterró la estocada tras pinchar en dos ocasiones.

Sin tantas exageraciones salió el segundo toro. Un animal que se frenó siempre en el capote de José Carlos Venegas y al que después le zumbaron de lo lindo en dos varas traseras. Al último tercio llegó con comportamiento alocado, trotón y sin entregarse. El jienense, siempre con esa fragilidad que emana su figura, le plantó cara a base de intentar llevarlo muy tapado con la muleta. Las primeras tandas se las tragó, pero después comenzó a meterse por dentro y a intentar arrollar. Hasta después de la estocada pegó un arreón final en el que estuvo a punto de llevarse por delante a Venegas.

Hasta la puerta de chiqueros se aventuró Gómez del Pilar para recibir a su primer toro. No hizo caso al torero el de Dolores, que salió rumbo a los tendidos de sol barbeando tablas. Fue éste tercero otro manso de libro, que acometió a arreones en todos los tercios. Muy firme y poderoso el inicio de faena del torero, que llegó incluso a robar una tanda al natural de uno en uno. Todo con un mérito tremendo con las dificultades que puso el toro. Como tuvo mérito meter la mano para dejar la estocada con la que tumbó al astado.

El cuarto fue un galafate feo de hechuras. 640 kilos de carne. Esto no es el trapío de Madrid. Este cuarto fue un buey de carretas, un toro para las calles de Levante. Y tal y como fue por fuera, fue por dentro también. Pura mansedumbre. Sin celo, sin ganas de pelea. Siempre poniendo rumbo a tablas. Rubén Pinar se puso delante, pero allí no había nada donde rascar. Decir imposible es quedarse corto. Así fue el toro de Dolores Aguirre.

El quinto salió directamente olisqueando el ruedo venteño. Otro animal con hechuras para tirar de un arado y no para lidiarse en Madrid. Recibió de lo lindo en los tres puyazos que tomó. Arreó en banderillas y tuvieron por ello mérito y exposición los dos pares que colocó David Adalid. Después, muleta en mano, Venegas se la volvió a jugar con un animal que siempre se movió sin clase ni entrega. Además, lo cazó de una buena estocada. La ovación fue el premio de reconocimiento.

De nuevo se fue a portagayola Gómez del Pilar para recibir al sexto. Esta vez sí pudo salvar la suerte de manera lucida. Este sexto fue otro toro destartalado y feo. Alto como él solo y sin atisbo de casta. Al poco de comenzar la faena de muleta de Noé, el toro puso rumbo a tablas para echarse hasta en tres ocasiones antes incluso de entrarle a matar. Algo que no pudo hacer el diestro. Lo descabelló a la primera. Manso colofón a una tarde para olvidar.


FICHA DEL FESTEJO

Madrid, domingo 27 de mayo de 2018. 20ª de Feria. Casi dos tercios de plaza. (15.013 espectadores según la empresa).

Toros de Dolores Aguirre, desiguales de presentación. Más armónicos dentro de su gran tonelaje los tres primeros. Feos de hechuras los tres últimos. Encastado el primero. El resto, mansos y deslucidos, de nulas opciones. El sexto llegó a echarse durante la faena de muleta.

Rubén Pinar, saludos y silencio.

José Carlos Venegas, palmas y saludos.

Gómez del Pilar, saludos y silencio.

Incidencias: Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Marcos de Celis, diestro palentino fallecido en la madrugada de este domingo.