PODRIDOS

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Sevilla, España / Manuel Viera

Oreja para Padilla y Roca Rey. Morante fue ovacionado. Los mansos de la familia Matilla marcaron el desarrollo del festejo.

Una enseñanza cabe obtener tras lo visto: que cuando el toro es sólo carne de matadero, sólo se atiene al rigor de la estafa. Y esta obviedad algunos le llaman tomadura de pelo, que es una manera de definir la aparente realidad de una Fiesta que, por mucho que yo intente lo contrario, mis nietos, no la van a poder disfrutar. Y no por culpa de los que la quieren aniquilar, sino por los que la utilizan sólo para sus propios intereses. Sorprenderá leer esto, pero lo digo con toda la apariencia de su sentido. La cuestión es que de lo emotivo se goza. Un gozo convincente y placentero que se guarda en la memoria y perdura en el recuerdo. Sin embargo, el timo cabrea, enfada y oscurece el futuro. Pues seguimos en esa.

La tarde estaba cargada de expectación. De ilusiones renovadas y limpia esperanza. La vuelta del genio de Sevilla. La despedida del ídolo de masas jerezano, y el fin en la Maestranza de la temporada cargada de triunfos del rey del toreo. Porque resulta imposible encontrar entre las figuras que han llegado al estrellato en los últimos tiempos, una más arrolladora, impulsiva, ambiciosa y capaz de desplegar su pasional y emotiva tauromaquia como Andrés Roca Rey. Sólo recordar lo que ha hecho en las más importantes plazas de España, Francia y América produce vértigo.

Pues quien llenó la plaza con cartel de “no hay billetes”, sólo pudo enardecer a la gente en el epilogo de una tarde para olvidar. No tuvo toros. Y pese a ello, con unas “bernadinas” invertidas a la séptima birria de la familia Matilla, lidiada como sobrero, puso a la plaza en pie. Tanto emocionaron, tras dos horas de impotencia contenida, que tras un pinchazo hondo paseó el apéndice que le pidieron.

Fue una pena que la frescura, el impuso juvenil la perfección y el refinamiento de un concepto tan clásico como valeroso quedase casi inédito en la tarde en la que finiquitó su exitoso año taurino. Porque el manso tercero, marcado con el hierro de Peña de Francia, se partió la pezuña en el inicio de faena y quedó para la puntilla. Y el sexto, un sobrero de Hermanos García Jiménez, fue tan manso y flojo como el devuelto, y le dio nulas opciones. Después, ya quedó dicho, el peruano no tuvo reparos en usar, y abusar, del valor para dar argumentos a una lidia que, sin enfatizar el carácter emotivo de lo hecho, tuvo su momento en el epílogo.

Quizá porque fue su última cita en la Maestranza la sensibilidad de Sevilla no se hizo esperar para entender su sobrenatural esfuerzo de cada tarde. Su descomunal entrega y, sobre todo, su enorme capacidad para llevar su tauromaquia al terreno propicio para ser entendida por una gente que le aclama sin cesar. Le ovacionaron tras el paseíllo y en la emotiva vuelta al ruedo con la oreja que premiaba toda una trayectoria. El manso primero huyó para chiqueros a la primera de cambio. Tarea imposible. Y al noble cuarto, el toro de su despedida, le pudo hilvanar con la diestra templados muletazos acompañado por las notas musicales del pasodoble “Gallito”, que dieron emotividad a la faena del adiós. La vuelta con el trofeo fue apoteósica.

¿Y Morante? Todos pendientes de su arte que esbozó en insignificantes gotas de un toreo muy personal e íntimo. Un toreo donde hubo poco que gozar. Aunque lo visto mereció ser degustado detenidamente. Tanto por su naturalidad como por esa pasión por el barroquismo del pasado. Un hecho habitual en las últimas corridas interiorizadas de talante gallista. Como esa forma de acabar el lance a la verónica alzando el capote con las dos manos. El segundo de Olga Jiménez buscó las tablas de inmediato y todo quedó en detalles. Delicadeza en el trazo brillante del pase diestro y el natural despacioso y largo.

Todo cuanto hizo con el capote al noble, y también rajado, quinto encontró el deleite de la gente. La verónica y esas glosas improvisadas de los ayudados por alto, y por bajo, que a tan poco supieron. La incipiente obra vino a menos para acabar con el toro aculado en chiqueros.

El público abandonó la plaza con enorme decepción. Una podrida corrida de Matilla la causó.

Sevilla, sábado 29 de septiembre de 2018. 2ª de Feria. Lleno de “no hay billetes”.

Toros de Hnos. García Jiménez – Olga Jiménez – Peña de Francia, el sexto de García Jiménez lidiado como sobrero. Mal presentado y de desiguales hechuras. Una auténtica mansada.

Juan José Padilla, silencio y oreja.

Morante de la Puebla, silencio y saludos.

Roca Rey, silencio y oreja